No.4 Enero-Febrero de 1999

Sólo vale este punto de convergencia, este intercambio de reflexiones, si tras él te quedan elementos para la meditación que despliegue las alas del vuelo espiritual.
No creo en la victoria de un tiempo pragmático, bajo la fiebre de oro hay un mundo sereno de algas, de rocas, de conchas y peces con su poética de paz y profundidades de las almas. A navegar te invito por un océano de razones con el viento de cura y amor. Desata los cabos de la mente y sumérgete con este buceador de textos al que puedes llamar simplemente… El Diablo Ilustrado
Alguien dijo que hay un cierto placer en la locura que solo el loco conoce y
hay en esta expresión un juego semántico entre el desquiciamiento en
sentido literal y en el metafórico. Existe el ser que por X enfermedad
de la mente pierde el sentido lógico de la vida, pero también quienes
desafían esquemas, prejuicios, y asumen su cotidianidad con poesía, a
estos, los seres convencionales los tildan de locos. Dijo Aristóteles que no hay un gran genio sin mezcla de locura y Swift escribió: cuando un genio aparece en el mundo se reconoce por esta señal: todos los estúpidos se confederan para atacarlo.
No es exclusividad de nuestra época que los seres que anteponen la
bondad al interés o que viven buscando sueños sean señalados
peyorativamente por los que se encierran en su pragmática y convencional
existencia. Claro, en un mundo que pretende imponer la mentalidad de
mercado (donde se mide a la gente por el status material) debemos
coincidir con Mirta Yáñez:
de poeta y de loco
solamente algunos
tenemos un poco.
Abundan por ahí los padrinos de la inmovilidad, son esos que aconsejan
—o más bien desaconsejan— en nombre de razonamientos similares a “ya
todo está inventado”, “sé práctico para que tengas ganancias”, o que
ante cualquier viso de imaginación te dicen con una mueca “deja eso que
no da na, pon los pies en la tierra”. El escritor Jorge Garrigán dialoga
con esta especie en su breve poema “Dialéctica aplicada”:
Dijo el hada madrina: —Todo será como antes.
—Dogmática de mierda, no sabe lo que dice.
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Julio Verne |
La imaginación es el ojo del alma —como escribiera Joubert—, con
ella vemos hacia lo por hacer. Y para que la imaginación vuele alto es
necesario alimentarla con los conocimientos, ya que una imaginación
sobre bases ignorantes puede parecerse mucho a la insensatez. El mismo
Joubert aclara que aquel que tiene imaginación, pero carece de conocimientos, tiene alas pero no tiene pies.
De todo esto se desprende que aquel que es demasiado precavido realiza muy poco en la vida, como sentenciara Shiller y que la osadía, de mano con la imaginación debe estar avalada por el saber. A esto yo le agregaría hacer el bien como primicia. Y al respecto nuestro Martí reflexiona: ¡no
hay trono que se parezca a la mente de un hombre libre, ni autoridad
más augusta que la de sus pensamientos! Todo lo que atormenta o
empequeñece al hombre está siendo llamado a proceso, y ha de
sometérsele. A las poesías del alma nadie podrá cortar las alas, y
siempre habrá ese magnífico desasosiego, y esa mirada ansiosa hacia las
nubes.
Parafraseando una vieja canción, el escritor Ronel González nos advierte que para subir al cielo se necesita cielo. Sólo las sanas y elevadas aspiraciones nos llevan a ascender en la vida.
No te equivocas porque no te arriesgas
no te arriesgas porque no eres valiente.
No te equivocas, no te arriesgas,
no eres valiente, no eres poeta.
no eres valiente, no eres poeta.
Este llamado que nos hace Félix Luis Viera nos convoca a ser poetas, no
en el sentido literal del ser que se dedica a escribir versos, sino a
ese sentido más amplio que es el de mirar a nuestro alrededor con ojos
de descubridor y hurgar en los pequeños detalles de esa vida circundante
con el corazón abierto y los brazos dispuestos a emprender el vuelo
hacia las luces que avizoran los sueños.
Como mensaje final te dejo con un breve texto del escritor uruguayo Eduardo Galeano.
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Eduardo Galeano |
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos
fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chiquitos y fuegos de todos
los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y
gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos,
fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas
ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se
enciende.